Jueves, 22 de octubre de 2026.
Mi segundo día en el centro me ha dejado sensaciones muy intensas. He pasado de la observación inicial a participar de forma activa en diferentes sesiones, lo que me ha permitido ver de cerca tanto el potencial de la intervención psicopedagógica como, una vez más, las grietas del sistema educativo.
La jornada empezó con Alejandra, en una sesión de refuerzo con dos alumnos con dislexia. Aprovechando mi perfil como maestra de inglés, intervine con una niña que tenía un examen de verbos irregulares. Le expliqué que la lista no es tan interminable como parece si la dividimos en tres grupos dependiendo de sus dificultad a la hora de aprenderla. Le ayudé a ver que, en muchos casos, solo tiene que memorizar una forma verbal o hacer pequeños cambios, y le enseñé trucos mnemotécnicos (como el clásico BUY – BOUGHT – BOUGHT asociado a «Gallina – Huevo – Tortilla»). Ver cómo poco a poco se daba cuenta de que era manejable y cómo se relajaba fue muy gratificante. Me sorprendió, a la par que enfadó, saber que era la misma lista para todos los alumnos.
Después pasé a estar con Arantxa. Primero atendimos a un niño de 9 años con TDAH, problemas de conducta en el colegio y en casa, y con un historial de dislalia. Más tarde, estuvimos con un chaval de 15 años, también con TDAH, que está bastante desmotivado con sus estudios. Con él hablamos abiertamente de mi propio diagnóstico de TDAH. Me contó que no le están haciendo todas las adaptaciones que le corresponden.
Esta situación me removió mucho. Me generó una profunda impotencia ver cómo se le cierran puertas a un alumno por la falta de implicación del equipo docente. Es un tema que me interesa muchísimo y que me gustaría indagar más a nivel legal; la ley ampara a estos chicos, así que necesito entender cómo podemos actuar desde la psicopedagogía para exigir al colegio que cumpla con su parte.
A nivel personal, he disfrutado muchísimo de este día. Me he dado cuenta, una vez más, de que la escucha activa y la empatía (sin usar etiquetas) son las mejores herramientas; los niños se sienten cómodos, creen en ellos mismos y se abren a contar sus miedos.
Sin embargo, también me llevo una gran reflexión crítica sobre cómo está montado el sistema educativo. Me frustra ver la nula aplicación de adaptaciones cuando un alumno tiene un diagnóstico claro. Como futura psicopedagoga, me doy cuenta de que mi papel no puede quedarse solo en el gabinete; también tiene que ser el de tender puentes con los centros educativos y luchar por los derechos de estos alumnos. Mi reto para los próximos días es seguir indagando en el marco legal de las adaptaciones y pensar cómo puedo aportar mi granito de arena desde mi posición para que estos chicos tengan las mismas oportunidades que el resto.
Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.
Debatecontribution 0en E03 – Estrategias, empatía y la lucha por las adaptaciones.
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